Los estereotipos
Mayo 11, 2008
A todos nos han estereotipado alguna vez. Según la Wikipedia, un estereotipo es una concepción, opinión o imagen convencional y simplificada, basada en la creencia de que todos los miembros de un determinado grupo tienen una serie de atributos en común. O sea y por poner un ejemplo, que los cojos tienen mala leche. O que todos los homosexuales tienen pluma. O que todos los pijos estudian Económicas. O que los llamados frikis somos solitarios, asociales, ermitaños, andamos poco y follamos menos; y que la única vez que salimos de fiesta fue el día de nuestra graduación -y para que los compañeros del cole no pensaran que éramos unos frikis asociales, claro.
A mí me han estereotipado muchas veces. Apuesto a que a muchos de vosotros también. Y no es una sensación -lo que se dice- agradable. Pero, como suele ocurrir con casi todos los problemas, existe una estupenda manera de enfrentarse a ellos: tratar de comprenderlos.
Muchos estudiosos se han preguntado, desde hace ya mucho tiempo, por qué los seres humanos nos pasamos nuestra existencia estereotipándonos unos a otros. La respuesta a la que han llegado algunos de ellos es tan simple como inquietante: lo hacemos porque, de otra manera, seríamos incapaces de vivir.
Los estereotipos son, por decirlo de alguna manera, un mecanismo de nuestro cerebro cuya función es ahorrar energía. Y eso pasa por pensar lo menos posible. Si uno lo medita durante un rato, se da cuenta de que tiene bastate lógica. Si nos enfrentáramos de forma inocente y candorosa, sin ninguna idea preconcebida, a los cientos de roces interpersonales que salpican nuestra vida cotidiana, nos quedaríamos bloqueados antes del café del mediodía.
Necesitamos saber que un panadero es un panadero, es decir, que posee los atributos que nuestra cultura asocia comunmente al panadero medio. Y lo mismo sucede con las prostitutas, los funcionarios, los futbolistas, las modelos, los esquizofrénicos, los químicos o los frikis, por volver a nuestro ejemplo inicial. Nuestros cerebros son máquinas que procesan información de manera extraordinariamente eficiente sobre las personas que nos rodean, pero lamentablemente esa eficiencia pasa por su capacidad para discriminar qué información merece la pena procesar y cuál es prescindible.
Creo que lo más indignante de todo es que, cuando estetreotipan a uno, de alguna manera lo están considerando prescindible. Sí, en el fondo, en el fondo, creo que eso es lo que más nos fastidia cuando nos ponen la correspondiente etiqueta: que algo en el cerebro de alguien le está diciendo que hará mejor en emplear su tiempo y su energía en conocer realmente a alguien que, cachis, no eres tú.
Lo cierto es que me han estereotipado muchas veces. Pero ya no me importa demasiado. Los seres humanos somos tan simples que se nos acaba cogiendo cariño.
Lástima que haga falta tanto tiempo para cogérnoslo de verdad.

Mayo 13, 2008 en 8:46 pm
Muy bueno, como tus videos
Saludos.